El reino redefine su economía apostando al turismo internacional con ciudades futuristas, resorts premium y experiencias únicas en el desierto y el Mar Rojo. El objetivo: atraer más de 150 millones de visitantes antes de 2030.
En apenas unos años, Arabia Saudita pasó de ser un destino prácticamente cerrado al turismo internacional a convertirse en uno de los mayores laboratorios turísticos del planeta. Con inversiones que superan los cientos de miles de millones de dólares, el reino impulsa una transformación sin precedentes que busca reducir su dependencia del petróleo y posicionarlo como protagonista del turismo global.
La estrategia forma parte del ambicioso programa económico Vision 2030, que apunta a diversificar ingresos, generar empleo y convertir al país en un polo de innovación, lujo y sostenibilidad.
NEOM, la ciudad del futuro que busca cambiar la forma de viajar
El emblema de esta revolución es NEOM, una megaciudad inteligente levantada desde cero sobre el Mar Rojo y concebida como un destino turístico y tecnológico sin precedentes.
El proyecto incluye iniciativas como “The Line”, una ciudad lineal sin autos ni emisiones contaminantes, además de complejos turísticos integrados con inteligencia artificial, movilidad autónoma y energías renovables.
La apuesta no solo busca atraer turistas, sino también inversores, empresas tecnológicas y residentes internacionales, en un modelo híbrido entre destino turístico y centro global de innovación.
El Mar Rojo: lujo sostenible y turismo de alta gama
Otro de los pilares es el desarrollo del llamado Red Sea Project, un corredor turístico compuesto por islas vírgenes, arrecifes coralinos y reservas naturales.
El modelo apuesta a un turismo de bajo impacto ambiental:
- resorts alimentados con energía renovable,
- límites estrictos de visitantes,
- conservación marina como eje central.
Grandes cadenas hoteleras internacionales ya firmaron acuerdos para operar hoteles boutique y complejos ultra exclusivos dirigidos al viajero premium europeo, asiático y norteamericano.

Aeropuertos, visados y conectividad: la otra gran apuesta
El crecimiento turístico también se apoya en infraestructura estratégica.
El país simplificó visados electrónicos para decenas de nacionalidades, expandió aeropuertos internacionales y multiplicó acuerdos con aerolíneas globales para posicionarse como hub entre Europa, Asia y África.
Además, eventos deportivos internacionales, festivales culturales y conciertos forman parte de una agenda diseñada para cambiar la percepción internacional del destino.
Competencia directa con Dubái y nuevos destinos globales
La ambición saudí es clara: competir con los grandes polos turísticos del Golfo y del Mediterráneo.
Mientras ciudades como Dubái consolidaron su liderazgo durante las últimas décadas, Arabia Saudita apuesta por una oferta diferenciada basada en naturaleza intacta, tecnología y exclusividad.
Analistas del sector hotelero consideran que el país podría convertirse en uno de los mercados turísticos más dinámicos del mundo durante la próxima década, especialmente si logra consolidar una imagen internacional atractiva para el visitante occidental.

El turismo como motor económico del futuro
El objetivo oficial es ambicioso: superar los 150 millones de visitantes anuales hacia 2030 y generar millones de empleos directos e indirectos.
Si la estrategia logra consolidarse, Arabia Saudita podría pasar de ser un actor emergente a una verdadera potencia turística mundial, capaz de redefinir las reglas del negocio hotelero y del turismo experiencial.
En un escenario global donde los viajeros buscan experiencias únicas y destinos novedosos, el desierto saudí parece dispuesto a convertirse en la próxima gran frontera del turismo internacional.

