La Reserva Provincial Parque Luro cerró su primera edición de «Castillo Vivo» con un éxito rotundo.

La Reserva Provincial Parque Luro cerró su primera edición de «Castillo Vivo» con un éxito rotundo.

Tras seis encuentros que completaron el cupo máximo de visitas, la emblemática construcción de la Reserva Provincial despidió una temporada marcada por la historia, el teatro y el orgullo pampeano. Se espera que pronto haya novedades sobre una segunda edición.

La jornada de ayer no fue una más en la Reserva Provincial Parque Luro. Con la caída del sol, se bajó el telón de la sexta y última función de «Castillo Vivo», la innovadora propuesta que logró devolverle el pulso y la voz al Monumento Histórico Nacional más importante de nuestra provincia.

Lo que comenzó como una apuesta por diversificar la oferta turística cultural, terminó consolidándose como un éxito absoluto. A lo largo de estos seis encuentros, quienes asistieron vivieron una experiencia inmersiva donde las paredes del Castillo dejaron de ser simples testigos del pasado para convertirse en protagonistas de una historia viva.

Una pieza fundamental para que este proyecto cobrara vida fue la labor de los guías de la Reserva. Belén Figueroa y Gabriel Orellano fueron los encargados de conducir a los grupos, aportando el rigor histórico y la calidez necesaria para que el relato fluyera con naturalidad. Su participación fue clave, ya que actuaron como el hilo conductor que conectó los datos históricos con las apariciones de los personajes, logrando un equilibrio perfecto entre aprendizaje y entretenimiento.

Talento genuinamente pampeano

Junto a los guías, la puesta en escena contó con la participación de actrices y actores pampeanos que, con un vestuario de época impecable y una interpretación cargada de realismo y sensibilidad, dieron vida a las familias Luro y Maura.

A diferencia de un recorrido tradicional, los artistas lograron que los visitantes no solo escucharan la historia, sino que la sintieran, interactuando con personajes que habitaban los salones, compartían anécdotas cotidianas y transportaban al público a las primeras décadas del siglo XX.

Identidad en cada copa

El cierre de cada velada mantuvo el mismo espíritu de pertenencia. Como broche de oro, los asistentes disfrutaron de una degustación de vinos pampeanos, poniendo en valor la creciente y premiada industria vitivinícola de nuestra región.

La excelencia del servicio estuvo a la altura del entorno: la cata fue dirigida por un sommelier pampeano, quien guió a los presentes a través de los aromas y sabores de nuestras tierras, logrando un maridaje perfecto entre el patrimonio histórico y la producción actual de nuestras bodegas.

Esta primera edición de «Castillo Vivo» demostró que el público busca experiencias que apelen a la emoción y a la identidad cultural. Si bien el ciclo de estos seis encuentros ha concluido, el éxito dejó la vara alta y el deseo de más.

Próximamente se darán a conocer novedades sobre una segunda edición, prometiendo nuevas oportunidades para aquellos que aún no han podido disfrutar de este viaje en el tiempo en el corazón de nuestro bosque de caldenes.