Las capillas la Antártida que construyó Argentina

Las capillas la Antártida que construyó Argentina

Quien estuvo en la Antártida suele describir lo mismo: un asombro que no encaja en las categorías habituales. Hielo que no termina, fauna que no le teme a nadie, paisajes que parecen anteriores a cualquier historia humana. Hay quienes lo llaman «piedad polar»: una reverencia que se activa sin que nadie la busque, frente a algo demasiado grande para procesarlo del todo.

Lo curioso es que esa piedad polar no se quedó solo en lo simbólico. La Antártida no tiene población nativa ni habitantes permanentes —solo dotaciones científicas rotativas, sostenidas por 42 países—, y sin embargo ahí también hay templos. La práctica cristiana en el continente tiene más de un siglo. El primer clérigo registrado fue Arnold Spencer-Smith, sacerdote anglicano que viajó como capellán de la Expedición Imperial Transantártica de Ernest Shackleton, a principios del siglo XX.

Argentina mantiene hoy siete bases científicas permanentes en territorio antártico. Cada una de ellas tiene, construido por sus propias dotaciones durante las invernadas, un espacio dedicado a la fe. No son destinos turísticos —llegar implica una expedición científica o, en algunos casos, un crucero antártico de los pocos que tocan tierra cerca—. Son, antes que nada, lugares de culto real, sostenidos por personas que pasan meses de oscuridad y aislamiento extremo, y que decidieron que ese aislamiento también necesitaba un altar.

Stella Maris, Base Orcadas: de las capillas católicas en la Antártida, la más antigua

De la capilla de la Base Orcadas no hay demasiada información documentada, lo cual tiene su propia lógica: es la base argentina más antigua en funcionamiento continuo en la Antártida. Stella Maris —»Estrella del Mar», una de las advocaciones marianas más antiguas de la tradición católica— acompaña a una dotación que vive, literalmente, rodeada de agua congelada todo el año.

Cristo Caminante, Base San Martín

La Base San Martín fue la primera instalación argentina en territorio continental antártico, fundada en 1951. Su capilla, Cristo Caminante, lleva un nombre que parece pensado para el lugar: en una base donde cada salida implica caminar sobre hielo que puede ceder, la advocación elegida no es casual.

Nuestra Señora del Valle, Base Carlini

En la península Potter, dentro de la isla 25 de Mayo del archipiélago de Shetland del Sur, la Base Carlini tiene su capilla dedicada a Nuestra Señora del Valle, Patrona del Turismo Argentino. Es, junto con Orcadas y San Martín, una de las tres capillas argentinas sobre las que circula menos registro público —templos pequeños, construidos sin pretensión documental, simplemente para que la dotación tuviera dónde rezar.

Santísima Virgen de Luján, Base Marambio: la capilla con reliquias papales

Inaugurada en 1996, la capilla de la Base Marambio tiene un detalle que la distingue de las demás: una réplica de la Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina traída directamente desde su santuario en Buenos Aires, y un solideo junto a un rosario donados por el Papa Francisco. Ambos objetos se conservan en un cofre de madera con cubierta de cristal, dentro de una base donde las temperaturas bajan tanto que cualquier objeto frágil necesita ese tipo de resguardo para sobrevivir.

Nuestra Señora de las Nieves, Base Belgrano II: el templo más austral del mundo

interior de la una capilla subterranea de la antartida argentina

Si hay una capilla que condensa lo que significa practicar la fe en el lugar más extremo del planeta, es esta. Nuestra Señora de las Nieves, en la Base Belgrano II, está directamente excavada en el hielo y conectada por túneles que también se usan para almacenamiento. Es, formalmente, el templo más austral del mundo.(¿Cuándo se celebra la Peregrinación a la Virgen de las Nieves en Esquel?)

Dentro hay dos crucifijos, un altar con la imagen de la Virgen de Luján y unas pocas sillas: lo esencial, nada más, porque cada metro cúbico de espacio habitable en una base antártica tiene un costo logístico altísimo. Desde febrero de 2024, la capilla incorporó una imagen de Mama Antula, la primera santa argentina, canonizada apenas un año antes. Es, probablemente, una de las pocas imágenes de Mama Antula que existen permanentemente bajo el hielo.(Mama Antula, ¿Cómo Llegó A Ser La Primera Santa Argentina?)

Oratorio Santo Cura Brochero, Base Petrel: el más reciente

El último en inaugurarse, en 2023, fue el Oratorio Santo Cura Brochero, construido durante la reconstrucción de la Base Petrel y bautizado en honor al sacerdote cordobés canonizado en 2016, conocido popularmente como el «cura gaucho» por su entrega a los pobres y enfermos de las sierras de Córdoba. El oratorio —pequeño, de ahí su nombre— se levantó sobre la vieja y deteriorada casa de botes de la base, al pie del glaciar Rosamaría, en la rada Petrel. Guarda un poncho bendecido del santo y una escultura donada por el artista Julio Incardona.

Hay algo conmovedor en esa elección: un sacerdote que dedicó su vida al contacto humano más directo —visitar enfermos a caballo, casa por casa, en zonas rurales remotas— terminó con un templo en el lugar más despoblado y remoto del planeta. La devoción, en ese sentido, no perdió coherencia: simplemente cambió de geografía.

Esta fotografía captura la capilla san francisco de asis en la Antártida, un pequeño edificio rojo con una cruz en la cima, rodeado de nieve y hielo. Situada en la costa argentina, esta estación de investigación sirve como un centro científico clave para el estudio del entorno y el clima del continente.
San Francisco de Asís, Base Esperanza: la capilla del Papa argentino

La séptima y más vinculada al Papa Francisco es la capilla San Francisco de Asís, en la Base Esperanza. En 2013 fue escenario de la primera misa de acción de gracias tras el nombramiento de Jorge Mario Bergoglio como Pontífice. Un año después, en marzo de 2014, se inauguró ahí mismo el campanario más austral del mundo, en su homenaje. (Basílica San Francisco de Asís: historia, arte y devoción en Buenos Aires)

Durante la Eucaristía del Miércoles de Ceniza de ese mismo año, la dotación de Esperanza colocó un solideo del Papa en una urna de cristal. Y en noviembre de 2014, el Capellán Mayor del Ejército Argentino entregó a la dotación entrante de 2015 una reliquia de San Francisco de Asís destinada al templo. Pocas capillas en el mundo —y mucho menos en la Antártida— pueden decir que tienen una reliquia del santo que les da nombre.

El Papa que nunca llegó a la Antártida, pero estuvo presente

Francisco nunca visitó el continente blanco. No hizo falta. Su huella ahí está hecha de gestos puntuales que las dotaciones recuerdan con un detalle que solo da el aislamiento: en 2015, el suboficial Gabriel Almada le escribió un correo electrónico a la Base Marambio, y el Papa respondió llamando por teléfono para saludar al personal en Pascua. No fue un protocolo. Fue una llamada real a una base científica al fondo del mundo, y quienes la recibieron todavía la cuentan como uno de los momentos más emotivos de su invernada.

Capillas católicas en la Antártida: fe sin feligreses de paso

Estas siete capillas no reciben visitas guiadas ni explican su historia a través de un cartel. Las construyeron, ladrillo a ladrillo o bloque de hielo a bloque de hielo, las mismas personas que después se quedaron a rezar en ellas durante meses de oscuridad casi total. Eso las vuelve distintas a cualquier otro templo del catálogo religioso argentino: no existen para que alguien las visite. Existen porque alguien, en el lugar más aislado del planeta, necesitó un sitio donde sostener la fe.

Quien llegue alguna vez a una de estas bases —en expedición científica, en algún cruce de cruceros antárticos, o simplemente por trabajo— va a encontrar algo que ningún folleto turístico puede anticipar del todo: la certeza de que ni siquiera en el fin del mundo la fe se quedó afuera.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso