La postal del turismo argentino podría estar a punto de cambiar. En un escenario donde la actividad busca diversificarse y generar nuevas puertas de ingreso de divisas, Mar del Plata empieza a posicionarse con fuerza como un nuevo jugador en el mapa de los cruceros internacionales.
Impulsado por el Gobierno nacional, el plan apunta a ampliar la red de puertos turísticos del país, históricamente concentrada en Buenos Aires, Ushuaia y Puerto Madryn. En ese esquema, la ciudad balnearia aparece como una apuesta estratégica para captar una porción de un negocio que no deja de crecer.
Hoy, la industria de cruceros en Argentina moviliza alrededor de 700.000 pasajeros por temporada y genera un impacto económico superior a los 370 millones de dólares, además de miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Sin embargo, el desafío pasa por descentralizar ese flujo y expandir los beneficios a otras regiones.
En ese tablero, Mar del Plata tiene con qué jugar: infraestructura portuaria, conectividad, oferta hotelera y una identidad turística consolidada. La idea es clara: transformarse en la cuarta puerta de entrada de cruceros al país, sumando recaladas y, en el mediano plazo, incluso embarques.
Pero no se trata solo de números. La llegada de cruceros implica también un perfil de turista internacional de alto gasto, con impacto directo en gastronomía, excursiones, comercio y servicios. Es decir, una oportunidad concreta para dinamizar la economía local más allá de la temporada alta tradicional.
Además, esta movida se alinea con una tendencia global: los destinos buscan cada vez más diversificar su oferta y evitar la saturación de los puntos clásicos, generando nuevas experiencias y rutas.
Así, mientras el turismo argentino redefine su estrategia en un contexto desafiante, el mar vuelve a abrir una puerta. Y en esa nueva hoja de ruta, Mar del Plata quiere dejar de ser solo un ícono del verano para convertirse en protagonista del turismo internacional todo el año.

