En Argentina, a orillas del río Paraná, en la vibrante ciudad portuaria de Campana, late un vínculo espiritual único con Santa Florentina, una santa visigoda del siglo VI cuya devoción ha marcado el alma de esta comunidad. Lo que comenzó como un homenaje familiar se transformó en un legado de fe que hoy define la identidad religiosa de la ciudad.
Todo surgió con los hermanos Costa, fundadores de Campana, quienes donaron los terrenos para construir un templo en honor a Santa Florentina, como tributo a su madre, Florentina Ituarte de Costa. Sin saberlo, sellaron así una conexión eterna entre la ciudad y esta santa española, reconocida por su vida consagrada a Dios y su labor como fundadora de un beaterio que reunió a cientos de mujeres. Su ejemplo de fe, compartido con sus hermanos santos —entre ellos, San Isidoro, Doctor de la Iglesia—, sigue inspirando a los campanenses.
Santa Florentina, una devoción redescubierta que unió historia, fe y comunidad
La creación oficial de la parroquia llegó en 1893. Décadas más tarde, en 1960, un diario madrileño publicó una nota que revelaba la identidad de Santa Florentina como hermana de figuras ilustres como San Isidoro de Sevilla, San Leandro y San Fulgencio. Ese dato, hasta entonces poco difundido en Campana, impulsó una nueva mirada sobre su figura y alentó un renovado fervor en la comunidad.
A partir de esa revelación, el Padre Luis Roza (párroco presbítero en Campana) desempeñó un papel clave en la reorganización de la festividad patronal. Propuso que, en lugar de celebrarse el 20 de junio, fecha tradicional de Santa Florentina en el santoral español, se trasladara en Campana al 6 de julio, día de la creación del partido homónimo. Su propuesta no solo buscó reforzar el vínculo entre la santa y la historia local, sino también evitar la superposición con el Día de la Bandera, una de las efemérides patrias más importantes de Argentina.
La Santa Sede aprobó este cambio, que permitió a la ciudad celebrar a su protectora celestial con mayor recogimiento y participación comunitaria. Además, el Padre Roza compuso el himno en su honor, gesto que consolidó aún más la devoción popular hacia Santa Florentina.
El arte como expresión de la fe viva del pueblo
En 1976, el templo parroquial ascendió a Catedral. Es la única en el mundo que reconoce a Santa Florentina como patrona adjunta. Desde entonces, la fe del pueblo se expresa también a través del arte.
En el altar mayor se eleva el mural “Florece como el Lirio”, una obra de Raúl Soldi junto a la ceramista danesa Tove Johansen. La escena muestra a Santa Florentina ascendiendo al cielo, rodeada de formas puras y colores suaves.
Su concreción fue posible gracias a la generosidad de Agostino Rocca (titular en ese entonces del grupo Techint), quien financió su realización. El mural fue donado por la empresa Tenaris-Siderca —antes Dálmine Siderca— al Obispado de Zárate-Campana. Rocca, figura clave en la historia industrial y social de la ciudad, aportó los recursos para que la espiritualidad y el arte se fundieran en esta pieza única, terminada en 1979. Con líneas puras y formas simbólicas, Soldi supo reflejar el alma de un pueblo que encuentra en su patrona un faro de fe viva.
La historia de Campana y su patrona se resume en tres momentos: la donación fundacional, el redescubrimiento de su legado y la consolidación de la devoción a través de la liturgia y el arte. Pero lo que más emociona es cómo el pueblo, con fe inquebrantable, convirtió a Santa Florentina en parte viva de su identidad. Una flor que sigue floreciendo en cada oración y cada 6 de julio.

